1 de marzo de 2012

NOVENA AL PADRE MARINO EUSSE


DIA PRIMERO

Del santo Evangelio según san Mateo:
"Recorría Jesús toda Galilea, proclamando en ¡as sinagogas la Buena Nueva de! Reino. Viendo la muchedumbre que ¡e seguía, subió al monte, se sentó y sus discípulos se h acercaron. Y tomando la palabra I enseñaba (Mi. 4,23 - 5,1).
Para muchos, gracias al Señor, los de la niñez fueron tiempos de dicha. Es quizás la razón por la cual los adultos, cuando añoramos ser felices, quisiéramos regresar a la infancia.
Jesús, quien conocía ese instinto que todos sentimos hacia la felicidad, les presenta a sus discípulos un método eficaz para lograrla: El Sermón de la Montaña.
Pero nos desconcierta la propuesta de Cristo. Dice Jesús: "Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos". Sería más lógico afirmar: "Felices los que poseen muchos bienes, porque serán ricos aquí de cuerpo y alma.”
Continúa el Señor: "Dichosos los sufridos, ellos heredarán ¡a tierra". Es más aceptable otra versión: "Dichosos los que se han adueñado de esta tierra, porque ellos no sufrirán nunca". El Maestro asegura: “Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados". Nosotros diríamos: "Felices los que siempre ríen, porque jamás necesitarán consuelo"
Cristo proclama: "Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados". Sería más comprensible: "Felices los que ya están saciados, porque no tendrán hambre y sed, ni siquiera de justicia".
El Maestro ha enseñado: "Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia". Nosotros quizás señalaríamos:”Felices aquellos, a quienes no interesa la misericordia, porque no tendrán que ayudar a nadie.
Añade el Evangelio: "Dichosos ¡os limpios de corazón, porque ellos verán a Dios". Muchos de nosotros afirmamos: "Eso de ver a Dios no interesa. Así nada, ni nadie nos molestará la conciencia".
Agrega Cristo: "Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán hijos de Dios". Pues mira, decimos nosotros: "Nada de infantilismos religiosos. A cada cual lo suyo. Y cada uno a defenderse".
Dice Jesús: "Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos". Lo nuestro suena así: "Lo importante es poseer este mundo. No vale incomodarse por causas perdidas".
Y mientras tanto, seguimos persiguiendo la felicidad durante las veinticuatro horas del día. Aunque jamás logramos alcanzarla.
Los santos han descubierto en el Sermón de la Montaña el camino seguro para ser felices aquí y en la vida eterna. Creyeron en la palabra de Jesús, Dios hecho hombre y conformaron su vida con el Evangelio.
Cuando la Iglesia declara la santidad de uno de sus hijos, esta diciendo que vivió un nivel superior de fe cristiana, haciendo realidad las Bienaventuranzas.
Así lo vemos en el beato Marianito. Día y noche en íntima unión con el Señor y al servicio de todos, supo reír con los niños, dar consuelo a los tristes. Sanaba a los enfermos y compartía sus escasos bienes con los pobres. Atraía con amabilidad a los más pecadores.
Todo esto para imitar a Jesús, alcanzando un equilibrio humano, en un esquema de humanidad y de misericordia y luego la recompensa del cielo.

Oración comunitaria
Hermanos:
Reunidos en nombre del Señor, presentemos a Él nuestras peticiones confiadas:
- Para que todos los cristianos vivamos a plenitud el espíritu de las Bienaventuranzas por el amor a Dios y al prójimo, al servicio de los más necesitados.
- Escúchanos, Señor.
- Por cuantos se han extraviado en busca de una felicidad engañosa. Que descubran en el Evangelio el verdadero camino para una vida plena y feliz.
- Escúchanos, Señor.
- Por todos los que sufren en el cuerpo y en t el alma. Ayúdalos a convertir su dolor en amor, que atraiga sobre el mundo las bendiciones del cielo.
- Escúchanos, Señor.
- Por aquellos que entregaron su vida a la injusticia y a la violencia. Que iluminados por el Señor y por la intercesión el beato Marianito, quieran construir una patria más hermosa y más feliz.
- Escúchanos, Señor.
-Por quienes predican el Evangelio entre nosotros y también en lejanas tierras, para
que puedan llevar a muchos la Buena Noticia del amor de Dios.
- Escúchanos, Señor.
- Otras peticiones...
- Escúchanos, Señor.
Todo esto, Dios de misericordia, te lo pedimos por Jesucristo, tu Hijo que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Padre Nuestro, Ave María y Gloría.



DIA SEGUNDO
Del santo Evangelio según san Mateo:
"Entonces Jesús, tomando la palabra, ¡es enseñaba diciendo: Bienaventurados los pobres de Espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos" (Mt5,3).
En muchas partes del Evangelio se nos habla de los pobres. Y a quienes remedian sus necesidades, los libros sapienciales prometen recompensas. Pero nadie había enseñado que la pobreza es un camino a la felicidad, como dice Jesús en el capítulo quinto de san Mateo.
Sin embargo, conviene distinguir entre pobreza material, o económica, y la pobreza enseñada por el Maestro. La primera equivale simplemente a la ausencia de bienes materiales. Y cuando es extrema se convierte en miseria, un mal verdadero, que nunca fue canonizado por Jesucristo.
En cambio, la pobreza evangélica encierra una actitud del alma por la cual colocamos nuestra confianza plena en el Señor. Así entendemos que quienes poseen, aquí abajo, muchos bienes que les financian el presente y el futuro, tienen dificultad para abrir el corazón a Dios. Para sentirse hijos entre sus brazos paternales.
De otra parte, cuando relativizamos los bienes de esta tierra, aprendemos a compartir generosamente con quienes no poseen. De allí que existan pobres en dinero que no viven la pobreza evangélica y a su vez, gentes con muchos bienes que han sido capaces de abrirse al misterio de Dios. De confiar en El, mientras se empeñan en sus tareas diarias. De otro lado, conocemos personas tan pobres, tan pobres que únicamente tienen dinero.
Cuando Jesús llama felices a los pobres no está condenando los bienes materiales. Únicamente los señala, cuando no se los sabe administrar, como un lastre que nos impide la auténtica vida cristiana. Pero a la vez el Maestro nos asegura su paternal compañía, enseñándonos a ser austeros y generosos. Lo cual da garantía de una vida serena, orientada hacia los bienes definitivos y eternos.
Pero esta primera bienaventuranza de los pobres nos promete el Reino de los Cielos, el cual Jesús explica en muchas de sus parábolas y discursos. El Reino es un modo de vivir y convivir donde todos compartamos fraternalmente. Donde todos vivamos los valores fundamentales del Evangelio. Donde surja una sociedad justa y fraterna. Ese Reino hunde sus raíces acá en al tierra, pero solamente se perfecciona en la vida perdurable.
El Padre Marianito aprendió desde niño un evangelio vivo, escuchado a sus padres y lo encarnó durante toda su vida. Por esto no ambicionó bienes de fortuna y supo servir generosamente a los necesitados a quienes llamaba "los nobles de Cristo".
La ambición desmedida ha engendrado entre nosotros la violencia y el odio. Muchos
hermanos nuestros se han ido ciegamente hacia los bienes materiales, olvidando el camino del bien que enseña Jesucristo. Que el padre Marianito desde el cielo, nos ayude a usar de tal manera las cosas temporales, que por ellas un día alcancemos las eternas.
Oración comunitaria
Hermanos:
Invoquemos a Dios nuestro Padre quien, con su bondad, puede*remediar todas nuestras necesidades.
- Oremos por el Papa, los obispos, los sacerdotes, los padres de familia y todos aquellos que trabajan por el mejoramiento del mundo.
- Señor, escucha nuestra plegaria.
- Para que todos los cristianos vivamos a plenitud la pobreza evangélica, usando de modo racional y fraterno los bienes de esta tierra.
- Señor, escucha nuestra plegaria.
- Por los pobres, por aquellos que han sufrido reveses económicos y por quienes ahora no tienen trabajo. Que se esfuercen por remediar su situación, apoyados en la fuerza de Cristo.
- Señor, escucha nuestra plegaria.
- Por quienes poseen muchos bienes materiales. Que comprendan con la gracia de Dios, que no son dueños de ellos sino meramente administradores.
- Señor, escucha nuestra plegaria.
- Por todos cuando adoran al dios dinero y en su nombre, oprimen y maltratan a los hermanos. Que conviertan su corazón hacia el Dios único y verdadero.
- Señor, escucha nuestra plegaria.
- Por tantos cristianos que procuran vivir la pobreza evangélica en la vida consagrada. Que su testimonio convoque a muchos a vivir según el Evangelio.
- Señor, escucha nuestra plegaria.
- Otras peticiones...
- Señor, escucha nuestra plegaria.
Atiende, Señor, los ruego de esta comunidad cristiana reunida en tu nombre que confía siempre en ti. Por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.



DIA TERCERO
Del santo Evangelio según san Mateo:
"Entonces Jesús les dijo: Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia ¡a tierra" (Mt. 5,4).
Ayúdanos a vencer "la soberbia con la humildad, la ira con la paciencia". Así rogaba aquella oración tradicional, con la cual le pedíamos al Señor librarnos de los pecados capitales. Porque los cristianos hemos de ser pacientes, tolerantes, y amables con todos, sin que ello signifique ingenuidad o tontería.
Pero el mundo que nos ha tocado vivir respira por todas partes violencia. Naciones contra naciones, grupos contra grupos. Partidos, razas, entidades, todos ellos enfrentados a muerte. Aun los creyentes arman guerra entre sí por una y otra causa, dando una imagen pésima de su propia religión.
En cambio el Evangelio nos motiva a la mansedumbre. "Habéis oído que se dijo a los antiguos: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persiguen para que seáis hijos de vuestro Padre celestial" (Mt. 5,43 -45). Y en san Lucas leemos: "Al que te hiera en una mejilla preséntale la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica... Amad a vuestros enemigos; haced/es el bien y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los ingratos y los perversos" (6,29-35).
Cristo, a su vez, nos dio ejemplo de mansedumbre hacia aquellos que lo perseguían y en su muerte realizó aquella profecía:" Fue oprimido y él se humilló y no abrió /a boca. Fue conducido como un cordero que es llevado a la muerte; tampoco él abrió la boca" (Is 53, 7).
Pero además el Maestro había señalado que la mansedumbre da frutos de felicidad y nos hace dueños de esta tierra: "Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra" (Mt. 5, 4). Parece pero tiene mucho más poder el bien que el mal, la amabilidad que la fuerza.
El hombre manso es dueño de sí mismo, dispone de sus cosas con serenidad y avasalla también a los demás. El iracundo causa rechazo a quienes lo rodean y en su desasosiego, nunca tiene paz ni alegría.
En la vida del padre Marianito se cuenta que fue manso y humilde. "Con todos era respetuoso y amable, dice una de los testigos en su proceso de beatificación. Frente aquellos que lo incomodaban u ofendían no tuvo ímpetus de venganza". Supo sobrellevar con serenidad actitudes adversas y malos tratos de muchos. Y aún dificultades con otros sacerdotes que lo hicieron sufrir.
Aprendemos así que el beato trató de vivir como nos enseñó Jesús de Nazaret. Ante su ejemplo, ayudados por la gracia de Dios, todos nosotros podemos esforzarnos en no herir a nadie, perdonando de corazón a quienes nos ofenden.

Oración comunitaria
Hermanos:
A Cristo, quien nos enseña a ser felices por medio del perdón y la bondad, pidámosle su Espíritu, para llegar a ser mansos y humildes de corazón.
- Roguemos por el papa, los obispos, los sí sacerdotes, todos los fieles. Que viviendo; a profundidad el evangelio, seamos siempre ejemplo de concordia y de paz.
- Te lo pedimos, Señor.
- Para que todos desterremos del corazón los odios, los resentimientos, las venganzas y nos entendamos por las vías del diálogo y de la mutua comprensión.
- Te lo pedimos, Señor.
- Por nuestros jóvenes. Roguemos al Señor que promuevan con esfuerzo la sinceridad y la justicia, y crezcan en la tolerancia y en la ayuda a las necesidades ajenas.
- Te lo pedimos, Señor.
- Por quienes han dedicado su vida a la violencia. Que el Señor los convierta al camino del bien por senderos de justicia y de paz.
- Te lo pedimos, Señor.
- Por nuestros gobernantes. Que, con la ayuda del Señor, promuevan el bien de todos, en especial de los más pobres para lograr la tranquilidad de nuestra patria.
- Te lo pedimos, Señor.
- Otras peticiones...
- Te lo pedimos, Señor.
Mira, oh Señor, esta comunidad cristiana a la cual tu amas y por tu gran bondad, atiende favorablemente nuestras súplicas. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Padre Nuestro, Ave María y Gloría.




DIA CUARTO
Del santo Evangelio según san Mateo:
"Y Jesús prosiguió: Bienaventurados ¡os que lloran, porque ellos serán consolados" (Mt. 5,5).
Esta bienaventuranza se enmarca sobre uno de los salmos, con el cual el pueblo escogido, lejos de su querida patria, dominado por un rey extranjero, rogaba a Dios remediara sus penas. Y Dios convirtió en risa sus lágrimas: "Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar; la boca se nos llenaba de risas, la lengua de canciones" (Sal 125,2).
Jesús promete que cuantos saben llorar ante el mal propio y ajeno, serán luego felices.
Conviene aclarar que no se trata de un llanto físico, o de una actitud continua de lamento, impropia de quien confía en Dios. Los que lloran son todos aquellos que se duelen del mal moral o físico y, de algún modo, tratan de remediarlo. A estos Jesús asegura una alegría interior y una copiosa recompensa.
San Lucas dice en una forma más concreta: "Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis". (6, 21). La risa, bien sabemos, es la expresión externa del contento y el gozo.

Los cristianos vivimos en angustia constante, mientras el Reino de Dios, ese que pedimos a diario en el Padrenuestro, no llegue plenamente. Es una agonía, en el sentido original de la palabra, que equivale a lucha, deseo ardiente, porque los valores del evangelio sean conocidos y vividos por todos los hombres. Pero, a pesar de todo, vivimos alegres por la esperanza.
El Maestro nos prometió su Espíritu, quien nos explicaría todas las cosas y sería consuelo y fuerza en las dificultades (Jn 14, 15).
San Pablo escribe que, hasta el día en que se realice plenamente el proyecto de Cristo, el mundo padecerá dolores de parto (Rm 8, 22), Y el mismo Jesús señala que sus discípulos sufrirán aflicción, como la mujer cuando va a dar a luz, pero luego se llenarán de alegría: "También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar" (Jn 16,21-22).
La vida del Padre Marianito estuvo sembrada de cruces y de espinas. En su tiempo, la Iglesia padeció de los gobiernos anticlericales y ambiciosos. Igualmente algunas familias de Angostura le dieron la espalda y no faltó quien levantara falsos testimonios contra el celoso párroco. Sufrió también la pobreza propia y la de sus feligreses y diversas enfermedades, entre ellas el cáncer que lo llevó a la tumba. Sin embargo, se mantuvo fiel al Señor y, según cuentan sus biógrafos, fue un hombre festivo y alegre que ahora goza de Dios en el Cielo.
Que nuestro querido beato nos ayude a vivir en ese gozo interior, porque al compartir los dolores de Cristo, alcanzaremos los bienes eternos.

Oración comunitaria
Hermanos:
Recordemos los sufrimientos de Cristo, quien nos enseña a sufrir con la esperanza del gozo que El mismo nos promete y roguémosle que nos fortalezca, en medio de las tribulaciones.
- Por todos los fieles que dan testimonio del Evangelio en medio de persecuciones, cárceles y martirios.
- Danos, Señor, la alegría de esperar en ti.
- Por los enfermos, para que por la fe de la comunidad cristiana, comprendan que si su morada terrena se destruye, les aguarda una mansión eterna en los cielos.
- Danos, Señor, la alegría de esperar en ti.
- Por cuantos padecen a causa de la guerra, los secuestros y los desplazamientos forzosos.
- Danos, Señor, la alegría de esperar en ti.
- Por todos los que sufren hambre, falta de vivienda, desempleo, violación de sus derechos y toda clase de injusticias.
- Danos, Señor, la alegría de esperar en ti.
- Por cuantos llevamos a cuestas los efectos de nuestros errores y pecados. Haz, Señor, que volvamos a casa para gozar del abrazo del Padre misericordioso.
- Danos, Señor, la alegría de esperar en ti.
- Oirás peticiones...
- Danos Señor la alegría de esperar en ti.
Señor y Dios nuestro que entregaste a tu Hijo a la muerte en cruz, para resucitarlo al tercer día, escucha las súplicas de tu pueblo y haz que nuestros dolores, por los méritos del Señor Jesús, nos conduzcan un día a los gozos del cielo. Por el mismo Cristo, nuestro Señor. Amén.
Padre Nuestro, Ave María y Gloría.



DIA QUINTO
Del santo Evangelio según san Mateo:
"Jesús les dijo: Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados" (Mí 5, 6).
Muchos años antes de Cristo, el profeta Amos escribió: "He aquí que vienen días, dice el Señor, en que yo mandaré hambre a la tierra, no hambre de pan ni sed de agua, sino de oír la palabra de Yavéh (Am 8,11-12).
Jesús pronunció el Sermón de la Montaña ante un variado auditorio, donde muchos tendrían en aquella ocasión, hambre y sed verdaderos. Lo entendemos en la trascripción de san Lucas: "Bienaventurados ¡os que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados". (6, 21)
El Maestro no bendijo estas carencias, nacidas muchas veces de nuestra indolencia.
La intención del Señor fue elevar la mente de sus discípulos a un hambre y una sed de su palabra, como dijo el profeta.
Por esto San Mateo nos habla de hambre y sed de justicia. Pero entendiendo la justicia, no como algo jurídico o penal, sino ante todo como la santidad, la bondad total del hombre. Este es el sentido que la Biblia da al término "justo".
Cuando deseamos todo esto, una bondad universal de pensamiento, palabra y obra, que reúna a todos los hombres alrededor de Cristo, no será en vano nuestro esfuerzo. Seremos saciados por el Señor.
Y aunque este proyecto total de Dios, no puede realizarse acá abajo sino en escasos grupos, en pequeños espacios, hemos de comprometer nuestras vida para hacerlo realidad.
Los cristianos, entonces, procuramos buscar a toda costa el Reino de Dios y su justicia. Sentimos por este ideal, una hambre, y una sed que nos impiden descansar, hasta que todos los hombres conozcan y amen a Jesucristo y así tengan vida en abundancia.
Ante un mundo donde tantos hermanos luchan por una vida justa y feliz, en medio de enormes dificultades, los discípulos de Cristo somos los abanderados de esa causa. En el hogar, en la empresa, en la universidad, en todos los grupos humanos.
Este deber transforma la historia del mundo y gratifica a quienes con él se comprometen. Como el beato Marianito que, en épocas donde todavía no se hablaba de justicia social, se desvivió por los campesinos, los pobres, los más necesitados y gastó todas sus fuerzas para ayudarlos.
Roguemos al beato Marianito que interceda para que un día pueda brillar sobre el cielo de Colombia, esa paz que todos anhelamos. Una paz que es el fruto maduro de la justicia.

Oración comunitaria
Hermanos:
Dirijamos a Cristo nuestra plegaria, a El que ha venido para que tengamos hambre y sed de un mundo más justo y humano, por la fuerza del Evangelio.
Roguemos por la Iglesia universal. Que ella como madre y maestra dé siempre ejemplo de servicio desinteresado en favor de todos los hombres, en especial de los que sufren pobreza y marginación.
- Cristo Jesús, óyenos.
- Roguemos por quienes tienen poder decisorio en nuestra sociedad. Que Dios los ilumine para defender, ante todo, los derechos de los más necesitados.
- Cristo Jesús, óyenos.
- Pidamos a Dios por cuantos trabajan en los Medios de Comunicación Social. Que con su palabra y su ejemplo, contribuyan eficazmente en la transformación del mundo.
- Cristo Jesús, óyenos.
- Por tantos cristianos egoístas, que nunca se han comprometido con la justicia y la :i paz. Para que despierten de su sueño y ,.j trabajen responsablemente en las £ construcción del Reino de Dios.
- Cristo Jesús, óyenos.
- Reguemos por la juventud. Que siga, soñando con un mundo distinto, donde
todos seamos hermanos y disfrutemos de modo igualitario de los bienes de esta tierra.
- Cristo Jesús, óyenos.
- Roguemos por todos aquellos que han dado su vida por los valores del Evangelio. Que desde el cielo, nos animen y fortalezcan para seguir padeciendo hambre y sed de salvación.
- Otras peticiones...
Señor Jesucristo, Maestro de todos los hombres. Haz que bajo tu ejemplo nos comprometamos con la transformación del mundo, para lograr una sociedad más justa y más humana que glorifique siempre tu nombre. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Padre Nuestro, Ave María y Gloría.

DIA SEXTO
Del santo Evangelio según san Mateo:
"Y Jesús añadió: Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia" (Mt. 5, 7).
Escribe un autor que la misericordia es un producto elaborado entre dos que se encuentran. El uno lleva sus miserias y el otro trae su corazón. Entre esos dos polos, positivo y negativo, salta la misericordia en busca de miserias de todo tipo, de cuerpo y de alma. Miserias personales y colectivas. Las de aquellos que se reconocen miserables. Las de otros que lo son, sin reconocerlo. De quienes se duelen por su propia indigencia o por la ajena. Y también por una miseria más trascendental, que es la falta de Dios.
En muchas partes del Antiguo Testamento se nos presenta a Dios como alguien rico en misericordia. Y además se alaba a quienes se compadecen de quienes sufren. Pero Jesús, fuera de darnos extraordinarios ejemplos de bondad hacia los necesitados, promete en el Sermón de la Montaña, a cuantos lo imitan copiosa recompensa: "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia".
En una parábola de san Mateo, a un empleado se le perdona una gran deuda, pero luego él quiere ahorcar a un compañero por una escasa suma. El Maestro señala que el perdón que esperamos de Dios, exige que nosotros hayamos sido compasivos con nuestros hermanos.
Y cuando nos cuenta la historia del Buen Samaritano, explica que esa misericordia no puede quedarse en la teoría. Ha de ser práctica, viva, operante. Aquel viajero que halló a un hombre herido en su camino, no sólo tuvo compasión, sino que se acercó, vendó sus heridas, lo montó en su cabalgadura, lo llevó a una posada, cuidó de él y luego financió su convalecencia.
La primitiva Iglesia recogió devotamente aquella palabra del evangelio donde se cuenta que Jesús, "al ver la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban cansados y abatidos, como ovejas sin pastor" (Me 6, 34). Leemos en Los Hechos que, en las primeras comunidades todos estaban a disposición de los necesitados. "Nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo era en común entre ellos" (Hch 2,44).
Jesús nos invita a practicar la misericordia por medio de obras materiales, y también con ayudas espirituales para quienes las requieren.
Pero hay misericordias que humillan a quien las recibe. Y otras tantas que lo elevan y construyen. Por esta razón, cuando tendamos la mano al necesitado, hemos de hacerlo con amor y sencillez, sin nunca resaltar una posible superioridad sobre los otros.
El Padre Marianito vivió una larga vida, en el ejercicio de la caridad con todos, en especial con los campesinos, los pobres, los enfermos. Los visitaba y socorría continuamente, con los dineros parroquiales y aun con sus propios enseres hasta extremos increíbles.
Que él nos ayude desde el cielo a imitarlo, para que en el último día, el Señor nos examine con misericordia.

Oración comunitaria
Hermanos:
Elevemos nuestras súplicas a Cristo, quien durante su vida mortal nos dio continuos ejemplos de amor y de misericordia:
- Por la Iglesia santa de Dios, para que a ejemplo del buen samaritano, acompañe y remedie las necesidades de todos los hombres.
- Señor, escucha nuestras peticiones.
- Para que cuantos tratamos de ayudar a los pobres y a los necesitados, nos alegremos desde ahora con los bienes que el Señor nos promete.
- Señor, escucha nuestras peticiones.
- Por cuantos han dedicado sus vidas al ^ejercicio de la caridad. Dales tu fuerza, Señor, para que sean testimonio de generosidad ante el mundo.
- Señor, escucha nuestras peticiones.
- Por cuantos nos sentimos tentados de pereza y egoísmo. Enséñanos a compartir lo que somos y lo que tenemos con nuestros hermanos que sufren.
- Señor, escucha nuestras peticiones.
- Por los médicos, las enfermeras, los jefes de personal en las empresas, por quienes deciden en los temas económicos y sociales del país. Ilumina, Señor, su tarea para que siempre actúen según el Evangelio.
- Señor, escucha nuestras peticiones.
- Otras peticiones...
- Señor, escucha nuestras peticiones.
Señor Jesucristo, que nos dejaste el mandamiento nuevo del amor y nos pides mantenernos en amistad contigo. Escucha cuanto te pedimos hoy y danos tu gracia, para vivir siempre como hijos tuyos. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

DIA SÉPTIMO
Del santo Evangelio según san Mateo:
"Y entonces Jesús dijo a la multitud: Bienaventurados ¡os limpios de corazón, porque ellos verán a Dios (Mt 5, 8).
"No se ve bien sino con el corazón, nos dice un escritor. Lo esencial es invisible a los ojos". Y Jesús enseñó: "Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios".
Los judíos cuidaban celosamente la pureza ritual, fruto de una serie de ceremonias y abluciones. Y en el caso de los leprosos, éstos no sólo padecían una enfermedad incurable, sino que eran inmundos ante el pueblo, que señalaba su mal como un castigo del cielo. Sin embargo, Jesús se acerca a ellos, lo cual estaba prohibido y aun los toca para sanarlos.
Porque para el Señor la verdadera impureza está en el corazón. De allí "proceden los malos pensamientos, los homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios, injurias. Eso es lo que mancha al hombre; comer sin lavarse las manos no mancha a nadie" (Mt 15,19-20).
En esta bienaventuranza no se trata únicamente de pureza sexual, sino de todo aquello que nos aparta del Evangelio.
El cristiano entonces ha de llenar su interior de comprensión hacia el prójimo. De cariño, buenas intenciones, de proyectos que ayuden a los demás a levantarse. De acuerdo con san Pablo que nos dice: "El amor no actúa con bajeza. Nunca se alegra de lo injusto y siempre se complace en la verdad" (1 Col3,5-6).
A quienes mantengan limpio el corazón, el Maestro ha prometido la visión de Dios.
Y en el Apocalipsis se asegura que en la vida del cielo, los vírgenes seguirán al Cordero, es decir a Cristo, donde quiera que El vaya. Sin embargo, los limpios de corazón pueden ver al Señor desde acá abajo. En otras palabras, descubren y comprenden todas la manifestaciones de Dios, en la sabiduría del universo, en cada uno de los maravillosos seres que El ha creado, en la historia de los hombres. En tantas obras buenas como realizan en el mundo quienes procuran vivir el Evangelio. San Juan de la Cruz lo entendió así, cuando nos dijo, hablando del Señor: "Mil gracias derramando pasó por estos sotos con premura y yéndolos mirando, con sola su figura, vestidos los dejó de su hermosura".
El beato Padre Marianito fue ejemplo de sencillez y transparencia. Sacerdote según el corazón de Dios, de quien nadie recibió un mal ejemplo, pues su corazón era inocente y justo. De ahí su capacidad de descubrir los caminos del Señor en sus fieles. De allí los dones extraordinarios derramados sobre su persona, a favor de quienes lo buscaban.
Reguemos al beato Marianito que, desde el cielo, envíe sus bendiciones a este mundo manchado por el mal. Para que, limpios de tantos crímenes, podamos ver a Dios desde esta tierra y ser felices para siempre.

Oración comunitaria
Hermanos:
Jesús nos enseñó a pedir en su nombre todo lo que necesitamos. Dirijamos nuestra
súplica al Padre de las Luces. Que con su ayuda podamos perseverar en la verdad y en el amor de Cristo.
- Por el papa, nuestros obispos y sacerdotes. Dales, Señor, una vida santa de pensamiento, palabra y obra, para que iluminen y guíen a tu pueblo.
- Escúchanos, Padre de bondad.
- Por todos nosotros: Purifica, Señor, nuestro corazón de toda soberbia, envidia y mala intención.
- Escúchanos, Padre de bondad.
- Por nuestros jóvenes. Que con la gracia del Señor sean limpios de cuerpo y de alma y así difundan el buen olor de Cristo, en la sociedad y en la Iglesia.
- Escúchanos, Padre de bondad.
- Por cuantos se han manchado con el alcoholismo, la droga, la violencia y tantos otros vicios. Que reconozcan en Cristo al que ha venido para purificarlos y darles la alegría de la salvación.
- Escúchanos, Padre de bondad.
- Por quienes integran los grupos apostólicos: Que, manteniendo limpio su corazón, puedan descubrir a Dios en todas partes y lo manifiesten con entusiasmo a los hermanos.
- Escúchanos, Padre de bondad.
- Otras peticiones...
- Escúchanos, Padre de bondad.
Padre de los cielos: Creemos y sentimos tu amor paternal para todos. Danos ahora lo que te pedimos con tanta fe y esperanza. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
Padre Nuestro, Ave María y Gloría.


DIA OCTAVO
Del santo Evangelio según san Mateo:
"Jesús les dijo: Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios (Mt5, 9).
Ante la ley judía que invitaba a amar al prójimo pero odiando al enemigo, Jesús presenta un nuevo mandamiento que amplía el amor, hasta alcanzar también a los enemigos. "Pero yo os digo: Haced bien a los que os odian, bendecid a ¡os que os maldicen, rogad por los que os maltratan" (Le 6,27).
La bienaventuranza de los pacíficos se refiere a cuantos cultivan la paz en su corazón. Pero también a aquellos que son promotores de esa paz.
El pueblo escogido, cuya historia jamás estuvo exenta de conflictos, aprendió a saludarse con una invocación a la paz: "Shalóm", (tengas paz) expresión que repiten hasta los niños pequeños, como nosotros decimos "Buenos días".
Con esta misma palabra el Maestro, una vez resucitado, saluda a sus asustados amigos: "La paz con nosotros" (Jn 20, 19). Y les asegura que El puede dar una paz invencible.
Para lograr la paz de Cristo, es necesario en primer lugar pacificar la propia conciencia, alejando de ella malos recuerdos y remordimientos. Jesús nos dejó el Sacramento de la Reconciliación que borra las culpas e inunda de paz el corazón. Pero desde el interior hemos de proyectar nuestra paz al hogar, al entorno social en que vivimos y enseguida a toda la tierra.
Sin embargo, no gozaremos la paz de Cristo si no promovemos la tolerancia y el perdón. La primera consiste en respetar sinceramente las diferencias que identifican a nuestros prójimos. El segundo se logra cuando presentamos a Dios nuestras heridas y descubrimos que El perdonó primero que nosotros.
Ser hijos de Dios, la recompensa que Jesús promete a quienes construyen la paz, encierra toda la riqueza del Evangelio. Ya no seremos siervos, que únicamente obedecen al amo. Llegaremos a ser hijos, a pesar de nuestros pecados. Como aquel joven que, habiendo abandonado el hogar, regresó luego hambriento y necesitado. Y aunque sólo pedía ser un jornalero más, fue acogido como hijo, con todos los derechos.
El beato Marianito fue un extraordinario hombre de paz. Tuvo el don de la reconciliación para las personas y las familias. Y el papa Juan Pablo II, el día de su beatificación, nos lo presenta "como un ejemplo para seguir trabajando por la paz y la reconciliación total en ese amado país"... "que este 9 de abril del año jubilar, señale el comienzo de una etapa en la que todos los colombianos construyan juntos la nueva Colombia, fundamentada en la paz, la justicia social y el amor fraterno".

Oración comunitaria
Hermanos:
Movidos por el Espíritu de Jesús, que nos enseña a amar la paz y a comprometer la vida con la construcción de un mundo más fraterno, elevemos a Dios nuestras súplicas.
- Te rogamos, Señor por nuestra patria y por todos los países del mundo que padecen en la injusticia y en la guerra. Dales tu luz, para que descubran caminos de transformación y de concordia.
- Danos, Señor, tu gracia y tu paz.
- Te pedimos, Señor, que ilumines a tu Iglesia en todos los países de la tierra. Que pueda anunciar día y noche un evangelio capaz de transformar todos los corazones y los grupos humanos.
- Danos, Señor, tu gracia y tu paz.
- Te suplicamos, Padre Bueno, que purifiques nuestra vida de los rencores, los odios y los deseos de venganza, para poder servirte en serenidad y en alegría.
- Danos, Señor, tu gracia y tu paz.
- Que nuestros hogares sean siempre un recinto de paz, donde haya amor, paciencia y comprensión para todos.
- Danos, Señor, tu gracia y tu paz.
- Por cuantos dedican su inteligencia y sus recursos al odio y a la guerra. Conviértelos, Señor, en agentes de cambio para que sobre el mundo amanezca un nuevo día, bajo la luz del Evangelio.
- Danos, Señor, tu gracia y tu paz.
- Oíros peticiones...
- Danos, Señor, tu gracia y tu paz.
Acoge, Padre Santo, esta humilde oración de quienes hoy nos hemos reunido en nombre de Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

DIA NOVENO
Del santo Evangelio según san Mateo:
"Y Jesús terminó diciéndoles: Bienaventurados los perseguidos por causa de ¡ajusticia, porque de ellos es el Reino de los Cielos" (Mt 5, 10).
Durante su predicación, Jesús advierte a sus discípulos en varias ocasiones que al seguirlo, no estarán exentos de peligros y persecuciones. "El mundo os odiará", les dice. El mundo en el lenguaje de Cristo son aquellas personas que están contra la verdad y la justicia. "Pero sabed que a mí me han odiado antes que a vosotros" (Jn 15,18).
Y en otra parte: "Seréis odiados por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin se salvará" (Mt 10,22).
Un anuncio que corresponde al Sermón de la Montaña: "Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos".
Conviene recordar que el Reino de Dios, o el Reino de los Cielos como expresa san Mateo, equivale a un estado de cosas donde toda la creación avance según los planes del Señor. Entonces cada hombre podrá lograr su ideal aquí en la tierra, y en consecuencia alcanzará el cielo.
En muchas de sus parábolas, el Maestro nos explicó ese Reino y la metodología por la cual podremos alcanzarlo.
Y al final de las Bienaventuranzas, Jesús promete ese Reino a quiénes padecen a causa de la justicia. Es decir a quienes renuncian aún con dolor, a otros bienes, para impulsar el proyecto de Jesús. En otras palabras, el Señor nos dice que ningún esfuerzo será vano, porque El dará eficacia a nuestra tarea.
Seremos recompensados, del mismo modo que el labrador, después de muchos soles y cansancios, se alegra en la cosecha. O como el estudiante, que ve transformados sus desvelos en una profesión lucrativa que lo realiza.
En la construcción del Reino, sin embargo, conviene tener presentes otros elementos: Como el respeto a los demás, los medios lícitos de lograr un objetivo, la convicción de que las cosas de Dios caminan a un ritmo menor que nuestra impaciencia.
La historia del beato Marianito nos cuenta las muchas penalidades que él padeció. En su época, la Iglesia fue perseguida y muchos sacerdotes tuvieron que esconderse en la montaña, para sobrevivir. Luego, en su ministerio parroquial, encontró también gentes de mala voluntad que le armaron guerra, haciéndole dificultoso su pastoreo. En tales circunstancias el beato mantuvo siempre serenidad y constancia en el bien obrar, defendiendo con amor a sus ovejas.
Que el Padre Marianito nos proteja en estos difíciles momentos. Y así podamos los discípulos de Cristo edificar el reino de Dios, a pesar de las sombras.

Oración comunitaria
Hermanos:
Conscientes de los obstáculos que se nos impiden el seguimiento de Cristo, imploremos la gracia del Señor para avanzar con seguridad y esperanza, hacia los bienes que El nos promete.
- Por la Iglesia santa de Dios. Que ella presente la Buena Noticia del Reino con claridad y mansedumbre, convocando a todas las naciones hacia la persona de Jesucristo, camino, verdad y vida.
- Acompaña, Señor, a tu pueblo.
- Por todos los hombres y mujeres, de todas las confesiones cristianas, quienes padecen por causa del Evangelio. Que la presencia de Cristo resucitado los fortalezca y los consuele en sus tribulaciones.
- Acompaña, Señor, a tu pueblo.
- Para que los discípulos de Cristo sepamos denunciar el error y la injusticia, sin dejar de anunciar los valores del Reino que el Maestro nos enseña.
- Acompaña, Señor, a tu pueblo.
- Por quienes padecen por no compartir la mentira, la corrupción, la opresión de los más débiles. Que se sientan amados por Dios y alienten la esperanza de la felicidad que El nos promete.
- Acompaña, Señor, a tu pueblo.
- Por nuestros jóvenes. Que ellos comprendan y valoren el compromiso cristiano, a pesar de las dificultades que encuentran para vivirlo diariamente.
- Acompaña, Señor, a tu pueblo.
- Oíros peticiones...
- Acompaña, Señor, a tu pueblo.
Concédenos, Dios de bondad, que en medio de este mundo de injusticia y de violencia podamos seguir construyendo una comunidad donde seamos siempre un solo corazón y una sola alma, para tu gloria y el bien de los hermanos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.




3 de febrero de 2012

El Purgatorio


¿Qué es el purgatorio?
¿No se supone que se nos perdonan todos los pecados en la confesión?
 
¿Qué es el purgatorio?
¿Qué es el purgatorio?
Es indudable que muchos católicos nos cuestionamos qué será eso tan misterioso que llamamos Purgatorio, porque lo hemos escuchado de pequeños en la catequesis, en casa, en algunas oraciones, etc.

Respondiendo en pocas palabras, el Purgatorio es el estado en el que van todas las almas, que, aún muriendo en gracia de Dios, no han llegado en su vida a purificar el daño que han ocasionado con sus pecados.

Pero... ¿De qué hay que “purgarse”? ¿No se supone que se nos perdonan todos los pecados en la confesión?

Con la confesión quedan perdonados nuestros pecados y quedamos libres del castigo eterno que nos merecíamos. Pero la confesión no repara el daño que hemos ocasionado. Ése, debemos repararlo nosotros con nuestras buenas obras o con nuestro sacrificio.

Entenderlo es tan fácil como pensar que rompimos un vidrio de la casa del vecino. Corremos a su casa y le pedimos perdón. Nuestro vecino nos perdona de todo corazón y seguimos siendo tan amigos como antes. Pero... ¡el vidrio sigue igual de roto!

Los que aún estamos vivos, podemos reparar el daño que hemos ocasionado con los grandes medios que nos ofrece la Santa Madre Iglesia como los sacramentos, la oración diaria a Dios, las obras de misericordia, la predicación de la Palabra de Dios, las indulgencias plenarias, la vida de caridad y de santidad.

El otro modo, que es la forma menos recomendable para reparar la pena temporal, es pasar por el Purgatorio.

Cuentan de santos que han tenido la visión del Purgatorio que hubiesen preferido sufrir lo más terrible de esta vida por mil años, que estar un solo día en el Purgatorio. Allí se va para una purificación en profundidad, una limpieza que cuesta grandes pesares y malestares, pero necesaria para nuestra buena salud.

El purgatorio existe, debe existir porque nadie entra a las Bodas del Reino de los Cielos con la piel y la ropa llena de mugre. Es necesario entrar con el mejor vestido. Y en donde se nos lava hasta el punto de quedar dignos para el paraíso y con el traje adecuado, es en el Purgatorio. Nadie nos obligó a ensuciarnos, lo hicimos por libre disposición. Pero si queremos ser buenos invitados, no se nos ocurrirá entrar indignamente presentados, desearemos estar limpios, muy limpios, como se merece el Esposo de las Bodas.

El Purgatorio, por tanto, existe y es más que un lugar, es un estado de purificación, con un fuego que nos arrancará nuestros errores de raíz y los disolverá en su fuego, con el dolor de los que se sanan de una herida.

No es para nada igual que el Infierno, pues en el Infierno reinan el odio y la desesperación eterna y en el Purgatorio reinan el amor y la esperanza, la firme convicción de la salvación eterna. Todo allí será sufrir pero sólo para lograr amar verdaderamente al Señor que nos esperará con los brazos abiertos en su eterno Convite Celestial.
Fuente Catholic.net

29 de enero de 2012

Mensaje de María Reina de la Paz del 25 de enero de 2012

¡Queridos hijos! Con alegría también hoy los invito a abrir sus corazones y a escuchar mi llamado. Yo deseo acercarlos de nuevo a mi Corazón Inmaculado, donde encontrarán refugio y paz. Ábranse a la oración, hasta que ésta se convierta en alegría para ustedes. A través de la oración, el Altísimo les dará abundancia de gracia y ustedes llegarán a ser mis manos extendidas en este mundo inquieto que anhela la paz. Hijitos, testimonien la fe con sus vidas y oren para que la fe crezca en sus corazones día tras día. Yo estoy con ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!.

15 de enero de 2012

NOVENA A JUAN PABLO II. Preparacion para recibir sus reliquias


PRIMER DIA

Intención: Por la Iglesia, el Papa, los obispos, sacerdotes, seminaristas, religiosos y almas consagradas
"Os pido una renovada fidelidad, que haga más encendido el amor a Cristo, más sacrificada y alegre vuestra entrega, más humilde vuestro servicio". (JPII)
Lectura: Testimonio del ceremoniero pontificio monseñor Konrad Krajewski (1)
Estábamos de rodillas en torno al lecho de Juan Pablo II. El Papa yacía en penumbras. La suave luz de la lámpara iluminaba la pared pero él era bien visible. Cuando llegó la hora de la que, pocos instantes después, todo el mundo habría sabido, de improviso el arzobispo Dziwisz se levantó. Encendió la luz de la habitación, interrumpiendo así el silencio de la muerte de Juan Pablo II. Con voz conmovida, pero sorprendentemente firme, con el típico acento de montaña, alargando una de las sílabas, comenzó a cantar: Señor, te confesamos". Parecía un tono proveniente del cielo. Todos mirábamos maravillados a monseñor Stanislaw [su secretario personal]. Pero la luz encendida y el canto de las palabras que seguían: "A Ti, eterno Padre, toda la tierra te venera..." - daban certeza a cada uno de nosotros. He aquí - pensábamos - que nos encontramos en una realidad totalmente diversa. Juan Pablo II ha muerto: quiere decir que él vive para siempre. Aunque el corazón sollozaba y el llanto estrechaba la garganta, comenzamos a cantar. Ante cada palabra nuestra voz se volvía más segura y más fuerte. El canto proclamaba: "Vencedor de la muerte, has abierto a los creyentes el reino de los cielos".
Oración para todos los días
Oh Trinidad Santa, te damos gracias por haber concedido a la Iglesia al Papa Juan Pablo II y porque en él has reflejado la ternura de Tu paternidad, la gloria de la Cruz de Cristo y el esplendor del Espíritu de amor. El, confiando totalmente en tu infinita misericordia y en la maternal intercesión de María, nos ha mostrado una imagen viva de Jesús Buen Pastor, indicándonos la santidad, alto grado de la vida cristiana ordinaria, como camino para alcanzar la comunión eterna
contigo. Concédenos, por su intercesión, y si es Tu voluntad, el favor que imploramos, con la esperanza de que sea pronto incluido en el número de tus santos.
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.


 -SEGUNDO DÍA
Intención: Por la vida, para que todos puedan nacer y morir con la dignidad de los Hijos de Dios.
"La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocido en sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida". (JPII)
Lectura: Testimonio del ceremoniero pontificio monseñor Konrad Krajewski (2)
Así, con el himno del Te Deum, glorificamos a Dios, bien visible y reconocible en la persona del Papa. En cierto sentido, esta es también la experiencia de todos aquellos que lo encontraron en el curso de su pontificado. Quien entraba en contacto con Juan Pablo II, encontraba a Jesús, a quien el Papa representaba con todo de sí mismo. Con la palabra, el silencio, los gestos, el modo de orar, el modo de entrar en el espacio litúrgico, el recogimiento en sacristía: con todo su modo de ser. Se lo notaba inmediatamente: era una persona llena de Dios. Y para el mundo se convirtió en signo visible de una realidad invisible. También a través de su cuerpo destrozado por el sufrimiento de los últimos años.
A menudo bastaba mirarlo para descubrir la presencia de Dios y, así, comenzar a rezar. Bastaba para ir a confesarse: no sólo de los propios pecados sino también de no ser santos como él.
Cuando dejó de caminar y, durante las celebraciones, se volvió totalmente dependiente de los ceremonieros, comencé a darme cuenta de que estaba tocando a una persona santa. Tal vez hacía irritar a los penitenciarios vaticanos cuando, antes de cada celebración, iba a confesarme, siguiendo un imperativo interior y sintiendo una fuerte necesidad de ello. Tenía necesidad de recibir la absolución para estar junto a él.
Oración para todos los días....
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.


- TERCER DÍA
Intención: Por los matrimonios y las familias.
“Todos los católicos, en especial los casados deben ser los primeros en testimoniar la grandeza de la vida conyugal y familiar con una acción catequética y educativa más incisiva y constante, que permita incentivar el ideal cristiano de comunión conyugal fiel e indisoluble". (JPII)
Lectura: Testimonio del ceremoniero pontificio monseñor Konrad Krajewski (3)
Cuando se está junto a una persona santa, cuando el hombre de algún modo toca la santidad, esta se irradia en toda la persona. Pero, al mismo tiempo, se experimenta sobre la propia piel también la tentación: evidentemente al espíritu maligno no le gusta el aire de santidad. Cuando, hacia las tres de la madrugada, salí del apartamento del Palacio Apostólico, en Borgo Pio había una multitud de gente: caminaba en el silencio más recogido. El mundo se había detenido, se había arrodillado y había llorado.
Estaba quien lloraba sólo por el hecho de haber perdido a una persona amada y luego volvía a casa así como había venido. Y estaba quien, a las lágrimas exteriores, unía las interiores, que surgían del sentirse inadecuados e infieles frente al Señor. Este llanto era bendito. Era el comienzo del milagro de la conversión. En todos los días sucesivos, hasta el funeral del Papa, Roma se convirtió en un cenáculo: todos se comprendían, aún si hablaban lenguas diversas.
Oración para todos los días..........
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.


- CUARTO DÍA
Intención: Por los perseguidos a causa de la fe y por los no creyentes.
"La Iglesia necesita muchos y cualificados evangelizadores que, con nuevo ardor, renovado entusiasmo, fino espíritu eclesial, desbordantes de fe y esperanza, hablen cada vez más de Jesucristo". (JPII)
Lectura: Testimonio del ceremoniero pontificio monseñor Konrad Krajewski (4)
Estuve en contacto con el Papa por siete largos años: durante su vida, pero también cuando su alma se separó del cuerpo. En el momento de la muerte quedaron con nosotros sólo los restos mortales que se transformarán en polvo: el cuerpo se desvanece y la persona es acogida en el misterio de Dios.
Entre las tareas de los ceremonieros está también la de encargarse del cuerpo del Papa difunto. Lo hice por siete largos días, hasta el funeral. Poco después de su muerte, vestí a Juan Pablo II junto a tres enfermeras que lo habían seguido por largo tiempo. Si bien ya había transcurrido una hora y media del deceso, ellas continuaban hablando con el Papa como si estuviesen hablando al propio padre. Antes de ponerle la sotana, el alba, la casulla, lo besaban, lo acariciaban y lo tocaban con amor y reverencia, precisamente como si se tratase de una persona de familia. Su actitud no manifestaba sólo la devoción al Pontífice: para mí representaba el tímido anuncio de una beatificación cercana. Tal vez es por esto que no me he dedicado nunca a rezar intensamente por su beatificación, desde el momento en que ya había comenzado a participar.
Oración para todos los días.........
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.


-QUINTO DÍA
 Intención: Por los enfermos, y todos los que sufren en el alma y en el cuerpo. Por los mendigos, abandonados y todos aquellos que son marginados y olvidados.
"Pido para vosotros la gracia de la luz y de la fuerza Espiritual en el sufrimiento, para que no perdáis el valor, sino que descubráis individualmente el sentido del sufrimiento y podáis, con la oración y el sacrificio, aliviar a los demás". (JPII)
Lectura: Testimonio del ceremoniero pontificio monseñor Konrad Krajewski (5)
Cada día celebro la Eucaristía en las Grutas Vaticanas. Observo cómo los empleados de la Basílica y todos aquellos que se dirigen al trabajo en los diversos dicasterios y oficinas del Vaticano, los gendarmes, los jardineros, los choferes, comienzan la jornada con un momento de oración frente a la tumba de Juan Pablo II: tocan la lápida y le dan un beso. Y así todas las mañanas.
Desde el 2000 el Papa había comenzado a debilitarse cada vez más. Tenía grandes dificultades para caminar. Preparando el gran Jubileo con el Arzobispo Piero Marini esperábamos que al menos pudiese abrir la puerta santa. Era casi imposible pensar en el futuro. Mientras me encontraba en las montañas polacas, una vez escuché esta afirmación: "Todavía no nos conocemos porque no hemos sufrido juntos". Con monseñor Marini participamos por cinco largos años en los sufrimientos del Papa, en su heroico combate consigo mismo para soportar el sufrimiento. Me vienen a la mente las palabras del salmo 51: "Purifícame con el hisopo y quedaré limpio", que se pueden entender también así: "Tócame con el sufrimiento y seré puro".
Estar con Juan Pablo II quería decir vivir en el Evangelio, estar dentro del Evangelio. En los últimos años del servicio junto a él me di cuenta de que la belleza está siempre ligada al sufrimiento. No se puede tocar a Jesús sin tocar la cruz: el Pontífice estaba tan probado, se puede decir martirizado por el sufrimiento, pero tan extremadamente bello, en cuanto que con alegría ofreció todo esto que había recibido de Dios y con alegría restituyó a Dios todo lo que de Él había tenido. La santidad, de hecho, - como decía la Madre Teresa de Calcuta - no significa sólo que nosotros ofrecemos todo a Dios sino también que Dios toma de nosotros todo aquello que nos ha dado. El atleta que caminaba y esquiaba en las
montañas ahora había dejado de caminar; el actor había perdido la voz. Poco a poco se le había quitado todo.
Oración para todos los días.......
 Padrenuestro, Avemaría, Gloria.


-SEXTO DÍA
Intención: Por la paz en el mundo y por las víctimas de la guerra,  la violencia y los desastres naturales.
"Que nadie se haga ilusiones de que la simple ausencia de guerra, aún siendo tan deseada, sea sinónimo de una paz verdadera. No hay verdadera paz si no viene acompañada de equidad, verdad, justicia, y solidaridad". (JPII)
Lectura: Testimonio del ceremoniero pontificio monseñor Konrad Krajewski (6)
Antes de comenzar las exequias, monseñor Dziwisz y monseñor Marini cubrieron el rostro del Papa con un paño de seda, un símbolo de muy profundo significado: toda su vida estuvo cubierta y escondida en Dios. Mientras realizaban este gesto, estaba junto al ataúd y tenía en la mano el Evangeliario, otro signo fuerte. Juan Pablo II no se avergonzaba del Evangelio. Vivía según el Evangelio. Resolvía, según el Evangelio, todos los problemas del mundo y de la Iglesia. Según el Evangelio construyó toda su vida interior y exterior.
El misterio de Juan Pablo II, es decir, su belleza, se expresa muy bien a través de la oración del Papa Clemente XI que se encontraba en los antiguos breviarios: "Quiero todo lo que Tú quieres, lo quiero porque Tú lo quieres, lo quiero cómo y cuándo Tú lo quieres". Quien pronuncia estas palabras con el corazón se vuelve como Jesús que, humilde se esconde en la hostia y se ofrece para ser consumado. Quien hace propias estas palabras comienza a vivir con el espíritu de adoración del Santísimo Sacramento.
Oración para todos los días........
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

-SÉPTIMO DÍA
Intención: Por todos los niños del mundo, para que puedan vivir en un mundo de paz, justicia y amor.
 “Si es cierto que un niño es la alegría no sólo de sus padres, sino también de la Iglesia y de toda la sociedad, es cierto igualmente que en nuestros días muchos niños, por desgracia, sufren o son amenazados en varias partes del mundo, padecen hambre y miseria, mueren a causa de enfermedades y de la desnutrición, perecen víctimas de la guerra, son abandonados por sus padres o condenados a vivir sin hogar, privados del calor de una familia propia, soportan muchas formas de violencia y de abuso por parte de los adultos” (JPII) 
Lectura: Testimonio del ceremoniero pontificio monseñor Konrad Krajewski (7)
Siguiendo al Pontífice en los viajes apostólicos, durante los largos vuelos, me preguntaba a menudo: ¿dónde está el centro del mundo?
Trece días después de su elección, con algunos de sus colaboradores, el Papa se dirigió cerca de Roma a la Mentorella, donde está el santuario de la Madre de las Gracias. Preguntó a sus compañeros de viaje: "¿Qué es más importante para el Papa en su vida, en su trabajo?". Le sugirieron: "¿Tal vez la unidad de los cristianos, la paz en Oriente Medio, la destrucción de la cortina de hierro...?". Pero él respondió: "Para el Papa lo más importante es la oración".
 En mi país existe este dicho: "El rey está desnudo frente a los ojos de sus siervos". Cuanto más comenzábamos a conocer a Juan Pablo II, tanto más estábamos convencidos de su santidad, la veíamos en cada momento de su vida. Él no oscurecía a Dios. Si quisiera indicar lo más importante para la vida sacerdotal y para cada uno de nosotros, mirándolo a él podría decir: no cubrir ni ofuscar a Dios con uno mismo, sino al contrario, mostrarlo y convertirse en el signo visible de su presencia. A Dios nadie lo ha visto, pero Juan Pablo II lo hizo visible a través de su vida.
Cuando rezaba, tuve la impresión de que se echaba a los pies de Jesús. Cuando rezaba, sobre su rostro era visible la entrega total a Dios. Era realmente transparente: era, por usar una imagen poética, como el arco iris que une el cielo con la tierra, y su alma corría por las escaleras de la tierra al cielo. Vuelvo ahora a la pregunta: "¿Dónde está el centro del mundo?".
Oración para todos los días........
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.

-OCTAVO DÍA
Intención: Por los jóvenes que sepan abrir de par en par las puertas a Cristo.
"Ahora más que nunca es urgente que seáis los “centinelas de la mañana”, los vigías que anuncian la luz del alba y la nueva primavera del Evangelio, de la que ya se ven los brotes. La humanidad tiene necesidad imperiosa del testimonio de jóvenes libres y valientes, que se atrevan a caminar contra corriente y a proclamar con fuerza y entusiasmo la propia fe en Dios, Señor y Salvador.” (JPII)
Lectura: Testimonio del ceremoniero pontificio monseñor Konrad Krajewski (8)
Poco a poco comencé a darme cuenta de que el centro del mundo estaba siempre donde yo me encontraba con el Papa: no porque estaba con Juan Pablo II, sino porque él, en cualquier lugar que se encontrase, rezaba. Entendí que el centro del mundo está donde yo rezo, donde yo estoy junto a Dios, en la más íntima unión que existe: la oración. Estoy en el centro del mundo cuando camino en la presencia de Dios, cuando "en él vivo, me muevo y existo" (cfr. Hechos de los Apóstoles 17, 28). Cuando celebro o participo en la Eucaristía, estoy en el centro del mundo; cuando confieso y cuando me confieso, en el confesionario está el centro del mundo; el lugar y el tiempo de mi oración constituyen centro del mundo porque, cuando rezo, Dios respira dentro de mí. El Papa permitió a Dios respirar a través de él: cada día pasaba mucho tiempo frente al tabernáculo. El Santísimo Sacramento era el sol que iluminaba su vida. Y él, frente a aquel sol, iba a calentarse con la luz de Dios. La vida de Juan Pablo II estaba entretejida de oración. Tenía siempre entre los dedos la coronilla del rosario, con la cual se dirigía a María confirmando su Totus tuus.
Una vez, después del accidente de 1991, el cardenal Deskur llevó al Papa un recipiente con agua bendita de Lourdes y le dijo: "Santidad, cuando lave la parte que duele, deberá rezar el Ave María". Juan Pablo II respondió: "Querido cardenal, yo digo siempre el Ave María".
Mi tarea en la Oficina para las Celebraciones Litúrgicas consiste en cuidar, bajo la guía del maestro, las celebraciones pontificias, y no en escribir artículos o preparar conferencias. Así ha sido por trece años. Después del 2 de abril de 2005, cuando alguien me pide que de testimonio de Juan Pablo II, respondo a menudo: "¡Sí, con gran alegría!". E invito a tomar parte cada jueves en la misa frente a su tumba en las Grutas Vaticanas. Así como invito a dirigirse a la iglesia del Espiritu Santo en Sassia, donde cada tarde se recita la coronilla de la Divina Misericordia seguida del Vía Crucis. Cada jueves a la tarde se encuentran en mi apartamento sacerdotes que trabajan o estudian en Roma, religiosas y laicos. Juntos rezamos las Vísperas, oramos y nos sentamos en la mesa común. Reunirse en oración y estar juntos para reencontrarnos en el centro del mundo: esto lo he aprendido de Juan Pablo II.
Oración para todos los días........
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.


-NOVENO DIA
 Intención:  Por  las Familias de la Diócesis de Zipaquirá, para que sean casa y escuela de discípulos  misioneros.
“El amor en el hogar ha de saber valorar a cada miembro de la familia por lo que es y por lo que hace, más que por lo que tiene. Y es así como de la experiencia de este amor eminentemente personal y comunitario, nace a su vez la conciencia de la dignidad propia de cada persona. Esta misma experiencia, que va adquiriendo densidad en la familia, a medida que se va reforzando el amor mutuo y generoso, viene a ser también punto de partida para reconocer y respetar la dignidad de los demás y, por lo mismo, para ejercitarse en las demás actitudes y virtudes que capacitan al hombre para construir una sociedad solidaria y fraterna. He ahí que la familia se convierte en la « escuela de humanidad más completa y más rica », (Familiaris consortio, 21) a la vez que «constituye el fundamento de la sociedad» (Gaudium et spes, 52)” 


 -ORACIÓN POR LAS FAMILIAS
Oh Dios, de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra, Padre, que eres Amor y Vida, haz que cada familia humana sobre la tierra se convierta, por medio de tu Hijo, Jesucristo, "nacido de Mujer", y del Espíritu Santo, fuente de caridad divina, en verdadero santuario de vida y de amor para las generaciones que siempre se renuevan.
Haz que tu gracia guíe los pensamientos y las obras de los esposos hacia el bien de sus familias y de todas las familias del mundo.
Haz que las jóvenes generaciones encuentren en la familia un fuerte apoyo para su humanidad y su crecimiento en la verdad y en el amor.
Haz que el amor, corroborado por la gracia del sacramento del matrimonio, se demuestre más fuerte que cualquier debilidad y cualquier crisis, por las que a veces pasan nuestras familias.
Haz finalmente, te lo pedimos por la intercesión de la Sagrada Familia de Nazaret, que la Iglesia en todas las naciones de la tierra pueda cumplir fructíferamente su misión en la familia y por medio de la familia. Tú, que eres la Vida, la Verdad y El Amor, en la unidad del Hijo y del Espíritu santo.
Oración para todos los días........
Padrenuestro, Avemaría, Gloria.